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Diario de una muchacha Nazi Tomado integro de la revista norteamericana "Selecciones" de noviembre de 1945 (Condensado de un documento oficial del ejercito norteamericano) MarÃa Bierganz es una joven de diecisiete años que vive en Monschau, Alemania. Su diario, se compone de una serie de cartas escritas a su novio que servÃa en las SS.
Monschau, 7 de octubre de 1944. Creo que ya no habrá en la vida pena que me conmueva después de haber visto entrar aquà a los norteamericanos. Si pudiese saber siquiera dónde estás, Pedro, creo que me sentirÃa mejor. Ayer supe que nuestra amada Colonia ha vuelto a ser vÃctima de los cobardes y despiadados ataques aéreos. SÃ, mi querido Pedro poco a poco me voy dando cuenta de que esta guerra por nuestro sagrado derecho a la vida no es una contienda leal del valor contra el valor, sino una dispareja y abominable guerra de materiales. Ninguna culpa tenemos los pobres alemanes de no contar con un paÃs tan rico como los Estados Unidos. Tampoco tenemos la clase de carácter que se necesita para explotar de tan ruin manera a pueblos pequeños y desamparados. Aquà los norteamericanos no han avanzado ni un paso. a pesar de sus incesantes bombardeos. Solo podemos sacudir una y otra vez la cabeza, mientras decimos: "Evidentemente, no hay mejor soldado que el alemán". La cobardÃa de los norteamericanos es sencillamente indescriptible. Â
 8 de octubre de 1944 Hoy brilla el sol en un espléndido cielo azul. Hermoso dÃa, si no fuera por las continuas explosiones de las granadas, el zumbido de las bombas cohetes y el sordo retumbar de los cañones. Los alemanes se defienden con valor sobrehumano de los ataques en masa: pero, por desgracia, tienen que ceder terreno palmo a palmo. Pedro querido, ¿que hemos hecho para merecer esto? ¿Acaso no ha trabajado Alemania sin descanso y con la más recta de las intenciones? ¿Todo habrá de ser en vano? No, Pedro, no. Siento que nosotros, los jóvenes que por tan amarga prueba estamos pasando, seremos duros como el hierro; nuestro destino es continuar la lucha por el ideal de nuestro insustituible Caudillo. Cuando todos lo hayan abandonado, podrá el contar todavÃa con la juventud. Nosotros nunca lo traicionaremos. Tal vez la suerte vuelva a sernos favorable y llegue a permitirnos, quien sabe cómo, desfilar bajo el Arco de Triunfo. No temas, Pedro, que los últimos reveses hayan convertido a tu novia en una criatura sin juicio. o en una vieja llorona. Por el contrario. mi calma desconcierta a las personas de mi familia, que tan nerviosas están. ¿Llorar? No, ni siquiera pienso en eso. Puede ser que no me rÃa tanto como antes pero conservo el buen humor, gracias a Dios. 9 de octubre de 1944 Hoy no hay tanto tiroteo. Dentro de unos minutos iré a la ciudad para enterarme de las últimas noticias en el club Heimatstreue (Fiel a la Patria). Debo confesarte que me avergüenzo de ser mujer. Soy la única que hay en el club. Siempre que pienso en esto, me siento furiosa conmigo misma. Pero una puede confiar a ciegas en los del club. Todos ellos son jefes de la juventud Hitleriana. Pedro, los pobres alemanes han sido siempre vÃctimas de un destino cruel. Demostraremos, sin embargo, que somos dignos de nuestros antepasados. Una de las cosas por las que odio a los norteamericanos es porque muchos de ellos son alemanes renegados. 10 de octubre de 1944 Pedro, la vileza de mis queridas vecinas de pueblo y antiguas compañeras raya en lo indecible. Uno de los fieles oyó ayer, por casualidad, que dos muchachas de la directiva de un club, que viven ahora en Monschau. estuvieron bailando con norteamericanos. Es una bajeza que no tiene nombre. Hoy fue un dÃa espantoso. Las ametralladoras tableteaban por todas partes. ParecÃa una lluvia de chispas acompañada por los agudos silbidos de las halas. TodavÃa no hemos salido de lo peor. Pedro. Por nuestros bosques vagan dispersas las tropas de defensa. Escuadrillas de bombarderos norteamericanos cruzan constantemente; y ahora vuelan muy bajo. Esta noche hemos comentado en el club el discurso del doctor Goebbels. Nunca le perdonare haber dicho que los habitantes del territorio ocupado por el enemigo hemos dejado de ser alemanes y que, al permanecer aquÃ. nos hemos entregado a los norteamericanos. En el club todos estábamos furiosos. ¿A donde podÃamos ir? ¿Acaso al Rin, exponiéndonos al terrorÃfico bombardeo enemigo? Pedro, ahora me doy perfecta cuenta de la gran dicha que supone poderse llamar alemán. Ser alemán equivale a luchar, Nuestro club ha quedado reducido a tres personas: dos compañeros y yo. Acabo de saber que los norteamericanos presentaron a los defensores de Aquisgrán un ultimátum: si a las diez no se han rendido, la ciudad será destrozada por bombardeo aéreo y fuego de artillerÃa. ¿Se rendirán las tropas de defensa ? TodavÃa sigo creyendo que no. Es verdaderamente horrible que Goebbels nos llame traidores, solo porque queremos seguir siendo alemanes. 11 de octubre de 1944 Esta mañana la artillerÃa norteamericana dispara ferozmente y sin plan. Los colosales cañones retumban por todas partes y enormes nubes de polvo se elevan al Cielo. ¿Qué hará Aquisgrán ? 13 de octubre de 1944 Siento no haber podido terminar mi carta de anteayer. Tuvimos que salir todos de la casa. Estaban buscando soldados alemanes. Esta mañana, apenas habÃamos regresado, tres norteamericanos entraron de nuevo, fusil en mano, y registraron todas las habitaciones. Tenemos que abandonar nuestra casa dentro de media hora. 16 de octubre de 1944 Nos han dado un departamento en la calle de Laufen. No nos gusta ni pizca. Los vecinos de esta barriada eran muy pobres y falta en ella hasta lo más indispensable. ¿Donde estás hoy, dÃa de tu cumpleaños, Pedro querido ? Si supiera que estabas, como otros de tus compañeros, viviendo en los bosques cercanos, irÃa a buscarte. Duisburgo y Aquisgrán han corrido una trágica suerte. ¿Ocurrirá lo mismo a la espléndida Colonia y a otras de nuestras hermosas ciudades ? No hay que pensar en ello. Es demasiado espantoso. Todo hay que dejárselo al tiempo y al destino. No está a nuestro alcance cambiar las cosas. Lo único que podemos es mantenernos firmes y esperar. Sin duda, tu padre te reñirÃa si le hablaras de firmeza y esperanza. Lo digo, porque yo tengo que librar un combate diario con mi familia a causa de esto. 17 de octubre de 1944 Hoy he hablado con un soldado de las tropas de defensa que estuvo prisionero. Lo habÃan reclutado hacÃa solo dos semanas. ¡Qué suerte si un dÃa fueses tú quien, de este mismo modo inesperado, se presentara ante mÃ! Hoy he vuelto a casa y me he llevado la radio. Es pequeñita, de fabricación francesa. Figúrate que por poco piso una mina enterrada. Un norteamericano me salvó la vida. Querido Pedro, cuantos más soldados de las tropas de defensa vienen por aquÃ, tanto mayor es mi deseo de volver a verte. Colonia, mi Colonia. ¿Acaso no existe ya justicia en el mundo que castigue a los culpables de semejante crimen? ¡Nuestros corazones claman venganza! Uno de "nuestro grupo" supo ayer que varios jefes de la juventud Hitleriana han sido llevados a Francia para hacer trabajos de descombro. Antes de dejarme llevar asÃ, desertarÃa.
19 de octubre de 1944 ¿Qué me dices del "ejército popular" alemán? Aquà lo califican de crimen y matanza al por mayor. En mi opinión es la señal más clara de que no disponemos de nuevas armas. Pedro, el corazón se me hace pedazos al pensar que tantas proezas y tantos sacrificios de nuestros jóvenes durante estos años han sido en vano. No, no es posible, Pedro. ¡Qué serÃa entonces de nosotros, la juventud? Una ametralladora pesada alemana ha empezado a disparar de nuevo hace un instante. La lucha es muy reñida en los bosques de Eiffel. Los norteamericanos llegan hasta allà pero no pasan. Si nuestros soldados tuvieran los elementos con que cuentan estos manganzones, se pondrÃan de un salto en los Estados Unidos. Estos tipos no son soldados, sino bailarines de jazz. Lucha y avance son para ellos palabras vacÃas de sentido. Ojalá podamos darles todavÃa otra buena paliza. Pedro, cuando pienso en el tiempo que pasamos juntos en Monschau, no acierto a comprender por qué tenÃa que acabarse tan pronto aquella época maravillosa. ¿Qué se ha hecho de la compasión humana ? La humanidad no se apiada de dos criaturas desgraciadas. Pero ¿qué esto diciendo? No queremos piedad. Vivir es luchar. Ser alemanes es ser fieles y yo permaneceré fiel a la obra y propósito de estos años. Criaré a mis hijos, inspirándoles los mismos principios, lo juro. 21 de octubre de 1944 ¿Por qué no podemos seguir siendo alemanes, querido? En Monschau no quedan ya más que tres leales. ¿No te parece aterrador? La juventud está desmoralizada. Les dan cigarrillos norteamericanos a los jóvenes de quince años, les enseñan a fumar. ¿No te duele el corazón al saberlo, Pedro? ¿Qué ha sido de nuestros ideales y de la moral de la juventud alemana? Dos norteamericanos separaron ayer de su hijito a nuestra antigua jefa de escuadra y se la llevaron en automóvil. Quieren que les diga adonde han ido el administrador del distrito v todos los demás funcionarios. Pero ella jamás lo dirá. Tal vez uno de estos dÃas me llegue a mi el turno de ser interrogada. Mira lo que les diré: marchó a Aquisgrán y es fácil reconocerlo porque ha perdido las dos piernas. Mentiré, pero eso carece de importancia. 27 de octubre de 1944 Ayer se desato el infierno. Las ametralladoras disparaban sin cesar, el cielo estaba rojo y tronaban la artillerÃa y los nuevos cañones de los tanques norteamericanos. En medio de aquel ruido infernal se oÃa el zumbido de nuestras bombas cohetes. Era indescriptible. Hoy tenemos que ir a las oficinas del gobierno militar. Es muy probable que sea la última vez que nos permitan volver a casa. Ya sabes que tarde o temprano los norteamericanos acaban por mostrar el cobre. 28 de octubre de 1944 Pedro, todavÃa estoy pálida como una muerta. Conseguimos permiso de pasar una hora en nuestra casa. En la oscuridad tropecé con algo que estaba en el suelo. Sentà inmediatamente que era un cuerpo humano, y se me heló la sangre. Necesité de todas mis fuerzas para reprimir un grito. Al fin encontré unos fósforos y mis sospechas quedaron con firmadas... un alemán muerto. ¡Horrible! Las facciones del soldado estaban completamente desfiguradas. En el primer piso encontramos un herido. Por él supimos de lo que habÃa pasado. Algunos de nuestros soldados, que se habÃan parapetado detrás de la casa, tenÃan un hambre feroz y entraron con intención de aplacarla. Poco después oyeron voces en el piso bajo y súbitamente aparecieron ante ellos unos cuantos norteamericanos. Bien puedes imaginar la escena que siguió. Los cerdos aquellos cargaron con tres cajas de vino y no dejaron nada en armarios y alacenas, todo estaba en el suelo. HabÃan regado jugo de frambuesa por dondequiera, y la ropa blanca, en revuelto montón, yacÃa en un pozo de aquel jugo. Algo espantoso, te digo. ¡Cerdos cobardes! Destrozaron el escritorio con un hierro de la estufa. Es sencillamente increÃble. Pedro querido, tengo que pedirte una Cosa. Tú eres soldado ahora y estás luchando con las implacables tropas de defensa. Hazme este favor, Pedro: CuÃdate de las casas ¡Si tienes hambre, entra en alguna de ellas, coge algo que comer, pero márchate en seguida! ¿Me entiendes? ¡Casos como el que tuvimos aquà son horribles! 29 de octubre de 1944 Cada cuarenta minutos rasga los aires con su infernal zumbido una bomba cohete. Van dirigidas a Bruselas y Lieja. Ha vuelto una muchacha de la vecindad que fue herida hace seis semanas. Probablemente tendrá que guardar cama dos o tres meses. Tenia un fragmento de metralla en la pierna derecha. Justamente encima de la rodilla. Como no hay corriente eléctrica ni en Monschau ni en Eupen, la cruz roja norteamericana la llevó a Welkenraeth, en Bélgica. Allà la examinaron con los rayos X. vieron que tenia rota la pierna y se la enyesaron. Luego dejaron que la pobre muchacha se consumiera de fiebre. Dos dÃas después la trasladaron a un hospital de campaña norteamericano, en Hombourg. Luego la llevaron a Bruselas donde sufrió el odio de los belgas y el terror de nuestras bombas cohetes. ¿Dónde puedes estar, Pedro? ¿Te llegarán alguna vez estas notas? Pedro, ¡quiero seguir siendo alemana ¡Tengo que seguir siéndolo! Si el arma nueva resultara... Aún podrÃa sálvanos. ¿No crees tú que toda esta desgracia debe pesar sobre la conciencia de los traidores? ¿Cuantos, dÃa tras dÃa, se han pasado al enemigo, faltando a sus deberes con la Patria ? Me enfermo sólo de pensarlo, querido. Pero hay que tener valor y voluntad de seguir peleando. Vivir es luchar. Me inspiro en este pensamiento y lo uniré a las palabras con que le despediste de mi: ¡Sé valiente! 1 de Noviembre de 1944 Cuando esto acabe, habremos perdido cuanto tenÃamos; pero hay una cosa que no pueden quitarnos, y es el modo de pensar y vivir que enseñaron a nuestra juventud. Eso está incrustado en nuestros corazones. ¿Acaso no hemos crecido luchando? ¿Comenzaremos la nueva vida inspirados en los viejos principios? Hay que ser optimistas y confiar en que vendrán mejores dÃas para Alemania. 3 de Noviembre de 1944 Ahora nos dan bastante carne (un kilo por persona a la semana) pero temo que cuando llegue el invierno, vamos a morir de hambre. La cosecha de papa no ha sido recogida aún. He tenido que esperar cuatro horas para conseguir un pan. ¿No te parece tremendo? Acabo de oÃr las noticias de las cinco. Tienen muy mal cariz. Yo sigo creyendo en la victoria alemana y tengo muchas discusiones con mi familia por esta causa. Estoy segura de que mi madre cambiará de parecer algún dÃa. Tal vez acabe por abrir los ojos y ver lo que pasa. Vivir en nuestro tiempo es luchar. DeberÃa haberme marchado de aquà hace mucho tiempo. 5 de noviembre de 1944 Estoy siempre con hambre. El pan y La mantequilla son cada dÃa mas escasos. Me pongo furiosa cuando pienso que nuestros enemigos pretenden gobernar a Alemania y suprimir el uso de nuestra antigua y hermosa lengua. ¿Por que tenemos que soportar todo esto? Sólo porque ciertos individuos se pasan la vida mintiendo e inventando historias. Yo no dejo ni un instante de confiar en nuestro buen soldado alemán que es el mejor del mundo. El enemigo dispone de recursos enormes, pero sus soldados tienen miedo, cosa que no ocurre a los nuestros. Esta es una guerra de materiales. ¿Como vamos a resistir a quienes los tienen en tan avasalladora abundancia ? Esta mañana me despertó una bomba V-1. Pasó muy cerca y a los pocos minutos oÃmos una explosión tremenda que sacudió toda la casa, abriendo puertas y ventanas. Debe haber caÃdo cerca de Eupen. Ojalá haya dado en el blanco a que iba destinada. Adonde quiera que mires ves aviones en el aire. ¡Que desgracia para nuestros pobres muchachos y para todas estas lindas ciudades! 8 de noviembre de 1944 Ya no puedo sufrir más a la familia. Anoche tuve una pelea en la mesa, sólo por haber dicho que "seguÃa con hambre" "DeberÃas ver al medico", contestó mi hermano. La abuela dijo algunas cosas sarcásticas. "Ahora clama por tu Hitler y su pandilla, pero de nada te servirá, porque ya está llegándoles la hora". No pude aguantar más y salà del comedor. Hoy hemos tenido aquà un tiroteo bastante grande. ¿Crees que el Führer hablará esta noche? ,Si lo hace, espero que no apaguen la radio de la casa porque tengo muchos deseos de oÃrlo. Quisiera ser hombre para pelear por mis ideas. 9 de noviembre de 1944 Hoy está nevando. Otros años nos divertÃamos de lo lindo, pero ahora no podemos salir a la calle ni nos permiten utilizar el trineo. Nuestra provisión de papás se ha agotado. Además, tenemos que aguantar que ocupen las calles estos norteamericanos. ¡Cuanto darÃa yo por ver otra vez aquà a los alemanes! Nos alegró mucho saber que se estaban lanzando bombas V-2, Ojalá mejoren algo nuestra situación. Anoche estuvimos esperando el discurso del Führer. Pero no hablo. TodavÃa ayer me encontraba dispuesta a hacer cualquier cosa por el Führer. pero hoy estoy un poco desilusionada. ¿Será cierto que Himmler tiene encerrado a nuestro Führer? El alto mando no lo menciona ya. Yo creo en él y confÃo en él todavÃa: asà como en un porvenir mejor. La victoria pertenece a nuestra bandera, y tiene que acompañarla siempre. |